En pleno casco histórico de Salamanca, se alza uno de esos lugares que guardan siglos de silencio, arte y espiritualidad: el Convento de Santa Clara, conocido popularmente como el Convento de las Claras. Fundado en 1238 y perteneciente a la Orden de las Franciscanas o Clarisas, este conjunto ha sido durante casi ocho siglos un espacio de vida religiosa… y hoy es también uno de los enclaves culturales más sorprendentes de la ciudad.
De monasterio medieval a museo de pintura
La documentación más antigua conservada data de 1238, y entre 1245 y 1250 fue consagrada su iglesia. A lo largo de los siglos, el convento fue ampliándose y transformándose, especialmente en época barroca. Tras la marcha de la comunidad religiosa en 2019 por falta de vocaciones, el edificio pasó a manos de la Fundación Las Edades del Hombre, que impulsó su conservación y apertura cultural.
Hoy el antiguo convento se ha transformado en un Museo de Pintura Medieval, donde se pueden admirar murales del siglo XIV, techumbres policromadas y numerosas obras que formaron parte de la vida cotidiana de las religiosas.
El coro bajo: oración y arte
El coro bajo, rehecho en 1747, era el lugar donde las monjas rezaban el Oficio Divino y asistían a la misa. Conserva una magnífica sillería de nogal del siglo XVI, labrada por Juan Méndez y Francisco de Lorena, ampliada después por otros maestros entalladores.
Aquí destacan también:
- 20 medallones de piedra con santos y personajes religiosos.
- Pinturas murales datadas hacia 1380 con un amplio programa iconográfico: San Francisco de Asís, Santa Clara, San Antonio de Padua, Santo Domingo, San Jerónimo, San Cristóbal o San Sebastián.
Estas pinturas permanecieron ocultas durante siglos bajo capas de cal. Fueron redescubiertas en 1976, cuando se retiró el encalado que las protegió, involuntariamente, del deterioro.
La iglesia y la huella de Churriguera
La iglesia, de una sola nave, conserva su esencia medieval aunque fue profundamente reformada en el siglo XVIII. En esta transformación intervino Joaquín de Churriguera, quien diseñó la espectacular reforma barroca interior.
Uno de los detalles más curiosos es la falsa bóveda: se mantuvo el artesonado medieval original, pero se añadió, pero se añadió una bóveda barroca más baja, reduciendo la altura interior del templo. Gracias a la restauración de 1988, hoy puede visitarse la estructura original de madera sobre las bóvedas.
El retablo mayor, presidido por una gran escultura de Santa Clara y articulado con columnas salomónicas, es uno de los grandes protagonistas del espacio.
El coro alto y artesonado medieval
El coro alto, utilizado para el oficio nocturno, permite pasear junto al impresionante artesonado mudéjar de finales del siglo XIV, una estructura en par y nudillo de gran preciosismo.
En este espacio se exponen esculturas relacionadas con la infancia y la Pasión de Cristo, imágenes marianas y un conjunto notable de pintura barroca. Desde aquí también se accede a la parte superior de las cubiertas del templo.
Claustro y torre mirador
El claustro, en su mayor parte del siglo XVII, combina sencillez estructural con detalles de enorme valor histórico. Capiteles del siglo XIII, un alfarje del siglo XVI con decoración morisca y restos de pintura mural renacentista como el Milagro de la palmera.
Y si hay un momento imprescindible en la visita es subir al torreón, construido entre 1727 y 1728. Desde allí se disfruta de una panorámica privilegiada de Salamanca: el convento de San Esteban, la Catedral Nueva, la Universidad, la Clerecía o la Iglesia de la Purísima se dibujan ante el visitante como un mapa vivo de la ciudad.
Un lugar para mirar con calma
El Convento de las Claras no es solo un edificio histórico. Es un espacio donde conviven la arquitectura medieval, el barroco salmantino, la pintura mural y la memoria de una comunidad que habitó este lugar durante casi ocho siglos.
Visitarlo es descubrir otra Salamanca, más silenciosa, más recogida y profundamente artística.
Patrimonio activo en Salamanca
El Convento de las Claras es un claro ejemplo de cómo el patrimonio puede transformarse sin perder su esencia. Espacios que fueron clausura hoy se convierten en lugares abiertos a la cultura, la contemplación y el conocimiento.
Porque el patrimonio no es solo pasado: es presente que se activa cuando lo visitamos, lo comprendemos y lo compartimos. Si quieres descubrir más sitios de Castilla y León, visita nuestra web.
