
Antonio Colinas nació en La Bañeza (León) en 1946. Su trayectoria literaria combina con naturalidad lo local y lo universal, lo íntimo y lo histórico, la vida vivida y la vida escrita. Su obra, abierta a múltiples culturas y geografías, siempre mantiene un anclaje firme a sus raíces leonesas.
Poeta, narrador, ensayista, traductor, crítico literario… Su bibliografía recorre más de medio siglo de creación. Su obra poética, publicada en ediciones completas tanto en España como en América, convive con novelas, cuentos, traducciones esenciales, biografías, aforismos y ensayos. Una producción que lo ha llevado a obtener reconocimientos como el Premio Nacional de la Crítica, el Premio Nacional de Literatura, el Premio de las Letras de Castilla y León, el Premio Nacional de Traducción, el prestigioso Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. También galardones internacionales como el LericPea o el Dante Alighieri.
La vida de Antonio Colinas ha estado marcada por largos periodos en distintas ciudades: Milán, Bérgamo, Ibiza, Madrid, Córdoba,… Y desde 1998, por su regreso al noroeste peninsular en Salamanca, donde continúa trabajando, investigando y participando en encuentros culturales dentro y fuera de España. Su relación con América Latina, Italia y Asia ha sido especialmente intensa, con presencia en festivales, homenajes y misiones pedagógicas que han difundido su visión humanista de la poesía.
En 2023, la Universidad de Salamanca lo distinguió con el título de Doctor Honoris Causa. Un reconocimiento a una trayectoria que ha sabido unir pensamiento, belleza y verdad.
Un poema para volver a las raíces
Poema de Antonio Colinas:
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, dejo también el corazón.
No pasará otra onda rumorosa del río,
no quedará este chopo envuelto en fuego verde,
no cantará otra vez el pájaro en su rama,
sin que deje en el aire todo el amor que siento.
Aquí, en estas riberas que llevan hasta el llano
la nieve de las cumbres, planto sueños hermosos.
Aquí también las piedras relucen: piedras mínimas,
miniadas piedras verdes que corroe el arroyo.
Hojas o llamas, fuegos diminutos, resol,
crisol del soto oscuro cuando amanece lento.
Qué fresca placidez, que lenta luz suave
pasa entonces al ojo, que dulzura decanta
el oro de la tarde en el cuerpo cansado.
Hojas o llamas verdes por donde va la brisa,
diminuto carmín, flor roja por el césped.
Y, entre tanta hermosura, rebosa el río, corre,
relumbra entre los troncos, abre su cuerpo al sol,
sus brazos cristalinos, sus gargantas sonoras.
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, miro arder todas las tardes
las copas de los álamos, el perfil de los montes,
cada piedra minúscula, enjoyada del río,
del dios río que llena de frutos nuestros pechos.
Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, dejo también el corazón.
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