Cada 17 de enero, día de San Antón, patrón de los animales, muchos pueblos celebran bendiciones, hogueras y encuentros festivos. Pero en La Alberca, uno de los pueblos más singulares de Castilla y León, esta fecha tiene un protagonista muy especial: el Marrano de San Antón.
Se trata de una tradición con siglos de historia que convierte a un cerdo en un vecino más del pueblo durante más de medio año.
Un cerdo suelto por el pueblo
Todo comienza el 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua. Ese día, tras ser bendecido y con una campana colgada al cuello, el marrano es soltado por las calles de La Alberca. Desde ese momento y hasta el 17 de enero, el cerdo vive libremente en el municipio, recorriendo calles, plazas y soportales, especialmente la Plaza Mayor.
Durante esos meses, son los propios vecinos quienes lo alimentan, lo cuidan e incluso lo resguardan por la noche en alguna cuadra. El animal se integra en la vida cotidiana del pueblo y se convierte en un símbolo vivo de la tradición albercana.
El origen de una tradición centenaria
El Marrano de San Antón no es una costumbre reciente. Su origen se remonta a la Baja Edad Media, en un contexto histórico muy concreto. En aquella época, La Alberca contaba con población de origen árabe cristianizada y estaba bajo la atenta mirada de la Inquisición, que llegó a tener sede en el pueblo.
Por tanto, potenciaron símbolos claramente cristianos para demostrar públicamente la adhesión a la fe cristiana. Con el paso del tiempo, esta práctica fue adquiriendo un carácter festivo y comunitario.
Del reparto solidario a la rifa benéfica
Antiguamente, el cerdo era entregado a la familia más necesitada del pueblo. Hoy, la tradición ha evolucionado sin perder su esencia solidaria: el Marrano de San Antón se sortea mediante papeletas, y el dinero recaudado se destina a obras sociales o a ONG.
El 17 de enero, La Alberca vive su día grande. Vecinos y visitantes se reúnen para celebrar San Antón y participar en el sorteo del marrano, en una jornada cargada de emoción, historia y convivencia.
Una tradición viva en pleno siglo XXI
En un mundo que avanza deprisa, el Marrano de San Antón sigue recordando que las tradiciones no solo se conservan, también se viven y se disfrutan. Durante meses, este cerdo pasea tranquilo por un pueblo que ha sabido mantener una de las costumbres más singulares y entrañables de toda Castilla y León.
Una tradición que habla de comunidad, solidaridad y memoria colectiva. Y que cada enero vuelve a demostrar que el patrimonio cultural también puede tener cuatro patas… y una campana al cuello.
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